Honduras
Un aficionado sin pasión es doblemente peligroso con su billetera vacía y la Liga Nacional ya comienza a sentir golpes bajos en sus finanzas.
“En el actual torneo no llevamos recaudados ni seis millones de lempiras, esto nos preocupa”, aceptó el secretario de la A, Eliel Hernández.
A pesar de eso, la Liga parece despreocuparse por el tema, invierte poco en mercadeo y, aparentemente, liga toda la responsabilidad a los clubes.
La vida se depreció, hasta llegar a números rojos...
Si la pobre economía del aficionado hondureño es uno de los principales alicientes para que la gente se haya largado de los estadios, conviene comparar los números del país en los últimos 20 años.
Por 1988, cuando los estadios de Honduras lucían buenas entradas -aún jugando equipos chicos-, el nivel de vida era mejor que el actual; para 2009, con más de 100 mil desempleados en apenas 55 días, la taza de pobreza se disparó horriblemente.
Hay dos factores básicos para medir la capacidad financiera del habitante común en los últimos 20 años: en 1988, el salario mínimo se cotizó en 480 lempiras (con una tasa de cambio equivalente a dos lempiras por un dólar); traducido al cambio actual (19.02 lempiras por un dólar), equivaldría a 9 mil 129.68 lempiras.
Con el último incremento del Gobierno, el salario mínimo es de 5 mil 500 lempiras. Es decir que se registra una pérdida de 3 mil 629.68 lempiras por persona en relación a 1988.
¿Queda plata en casa para ir al estadio?
O lo uno o lo otro
Miremos ahora cómo se ha incrementado en los últimos 20 años el costo de la canasta básica vital (todos aquellos insumos necesarios para vivir con decencia): su valor en 1988 era de 410 lempiras (al cambio con el dólar actual sería de 7 mil 801.28 lempiras).
En 2009, mientras tanto, cada persona necesita de 3 mil 987.28 lempiras para sus actividades vitales, es decir que hay un déficit de 3 mil 987.28 lempiras (más del 200 por ciento de merma); al ganar menos y necesitar más, se priorizan los gastos (comer en vez de ir al estadio, por ejemplo).
Vale la pena mencionar que hace 20 años el costo del boleto de sol era de 3 lempiras, en 1998 pasó a valer 30 (aumentó 100 por ciento) y en 2009 se compra por 80 lempiras (167 por ciento de aumento).
Se disparó todo
En la década del noventa vino un cambio radical en el fútbol hondureño con la aparición del Petrotela, el equipo que presidía el empresario petrolero Henry Arévalo.
El club de Tela comenzó a contratar jugadores de renombre y a pagar sueldos elevados; con ello, un futbolista que en 1988 ganaba 500 lempiras comenzó a obtener ingresos de hasta 40 mil lempiras.
En la actualidad, fácilmente hay jugadores que perciben 200 mil lempiras al mes, aunque en la cancha el fútbol que exhiben es horrible y no invita a despertar la pasión de un obrero que hace milagros para sobrevivir con su salario mínimo. Es feo comparar, pero...
Se fue la gente
Acá llegamos al punto más alarmante: la caída de la asistencia. El caso más contundente es el del Olimpia, el club con más hinchas en todo el país.
Pongamos un ejemplo claro y comparativo para ver cómo Olimpia se quedó solo en el Nacional, su casa.
En 1988, registró un promedio de 18 mil aficionados por juego; en total 342 mil olimpistas lo vieron en 14 juegos de vueltas regulares y cinco de la pentagonal. Aterrador, ¿no?
Y lo que viene es increíble: en el Apertura 2008 apenas 14 mil 241 olimpistas siguieron al Albo en el Nacional (en 9 juegos regulares y uno de liguilla), para un promedio de 3,759 por partido, lo que significa que al Olimpia lo abandonaron un promedio de 14 mil hinchas por año, a pesar que del 88 hasta hoy ganó 12 títulos locales.
“Estamos preocupados, Olimpia no llena el Nacional, pero sí abarrota las plazas cuando juega de visita”, dijo Osman Madrid, director deportivo del club.