Honduras
El estadio Olímpico fue un verdadero monstruo de más de 35 mil cabezas ataviadas de azul y blanco que desde tempranas horas hicieron de la instalación deportiva una verdadera caldera.
A horas del inicio del juego las graderías ya estaban llenas de catrachos que disfrutaron de un espectáculo previo que mantuvo el ánimo a pesar de las altas temperaturas que imperaron en el país, que llegaron hasta los 40 grados centígrados.
Los accesos al coloso metropolitano lucieron abarrotados y la gente que se dedica a las ventas ambulantes hizo su agosto en pleno abril.
Las caras pintadas, las máscaras, los sombreros, las hermosas mujeres y las banderas dominaron una noche plena de verano.
Los aficionados hicieron su propio carnaval y vivieron el juego con una gran intensidad que se desbordó a la hora en que la selección hizo su ingreso al estadio; la entrega fue total de una hinchada que nunca se cansó de gritar y apoyar al equipo de todos.
La afición catracha nunca defrauda y eso es algo que nunca cansaremos de decir: en las gradas siempre se gana.