Honduras
Los “Juanes” hablan, respiran y suspiran por el clásico capitalino... También coinciden en afirmar que es apenas un partido de fútbol, nada más que eso.
“Las pasiones no deben descarriarse”, empieza hablando el Cuate Juan de Dios Castillo, que bien sabe de presiones que generan las cuatro hinchadas más exigentes del país (ha dirigido a los cuatro grandes y ha ganado copas con dos); en la vereda contraria, Juan Carlos Espinoza, ídolo del pueblo olimpista, no duda en afirmar que “espero que la gente vaya y que haya un buen ambiente en el estadio, que no haya problemas entre las barras y que nuestros aficionados puedan llegar a ver un buen partido de fútbol”.
Claro, justamente de eso se trata. Que la palabra fútbol y que el sentido lúdico de la misma le gane a cualquier tipo de vandalismo que un grupúsculo de antisociales pretendan armar en la fiesta de los capitalinos.
- Profe Juan de Dios, ¿qué opina de los últimos actos de violencia registrados en los estadios y la campaña que ha iniciado Zona de El HERALDO?
- La violencia es algo que nos ha preocupado siempre y la iniciativa de ustedes como diario es una forma de enseñarle al hincha de que la pasión no puede exceder los límites y que vean que los equipos se entregan totalmente para buscar el triunfo, pero que eso no tiene que provocar que se genere la violencia en las gradas.
- ¿y usted, Juan Carlos, qué le pide a la Ultra Fiel, la barra del Olimpia?
- Pues a los muchachos les pido que se sigan comportando como en los últimos juegos, donde no ha existido incidentes penosos...
Esperemos que la barra lo siga haciendo así, que nos apoye los 90 minutos y que no haya líos, porque la gente quiere llevar sus hijos y esposas a la cancha y los relajos a veces son un freno, pero en los últimos partidos ha habido un buen ambiente en el estadio.
Sendas invitaciones de dos personajes que, como la mayoría del pueblo, se unen a la campaña para que la familia vuelva en paz a las canchas del fútbol nacional.
* Es la primera vez que Juan Carlos Espinoza se enfrentará al que fuera uno de sus maestros, Juan de Dios Castillo, desde el banquillo de los entrenadores.