Honduras
La fiesta de la gran final se tiñó de verde. Los aficionados de Marathón salieron festejando en una noche en donde celebraron su 84 aniversario y una nueva copa.
San Pedro Sula durante 90 minutos olvidó todos los problemas políticos y se convirtió nuevamente en la casa del fútbol nacional.
Un día de finales, la del fútbol nacional y de la carrera de uno de los más grandes representantes de nuestro fútbol, Wilmer Velásquez.
El Matador, que fue homenajeado, quizás no tuvo la mejor despedida, pero aún así la afición con mucho respeto y cariño le dijo adiós.
Pasión
Los miles de aficionados, que no alcanzaron a llenar al cien por ciento el Olímpico, mostraron las dos caras de la moneda.
Para los Verdes fue una noche mágica que pocas veces se repetirá y para los Blancos será de nostalgia en donde perdieron una corona y a un símbolo de una sola vez.
Marathón es digno vencedor ante su público, a pesar de algunos problemas al final del partido en donde la pasión se desbordó y la seguridad fue sobrepasada y la fiesta de ellos terminó en la cancha.
Los aficionados querían estar con sus héroes, tocar la copa, sentirla parte suya, rompiendo el protocolo que se había previsto para el final.
La fiesta de los Verdes comenzó desde las 7:30 de la noche y amaneció en las calles y bulevares sampedranos al grito de "campeones, campeones". De lado blanco con la resignación de haber perdido la copa 23.