Honduras
Repitió y repitió. Se llenó de paciencia. El Azul tuvo la frialdad de un cirujano y le quitó la vida a su enemigo después de extinguirlo de la cancha, de asfixiarlo, de lanzarle una bomba lacrimógena y dejarlo atontado... hasta que Marcelo Cabrita llegó al 59, apuñaló de zurda y usufructuó un imperdonable error de Fabio de Souza.
Justo un minuto antes, Ramón el Principito Núñez ponía a mil por hora los latidos del corazón azul con un derechazo que, previo a desvío en el Pitbull, Donaldo mandaba al tiro de esquina; fue lo único para rescatar de un estropeado Olimpia, que nunca entró a jugar, que otra vez le tuvo pánico a un equipo de Ramón Maradiaga y que perdió el invicto esa tarde que ningún olimpista quería perder...
Es todo tuyo, Motagua...
Oprimido en sus temores, el Albo le regalaba cada milímetro de la cancha a su vecino y el Azul, un equipo condensado, de algunas lagunas mentales en defensa, pero con la prepotente presencia de Javier Portillo en la mediapunta, empezaba a jugar como a Ramón le gusta.
Y si el cerebro blanco se daba vacaciones, el Pulgarcito asustaba a Noel con un misil terrestre al minuto 9; lo del 17 fue para el milagro: centrazo de Iván Guerrero y cabezazo mal intencionado del Chaco Diduch, esta vez bien defendido por Noel a una mano.
Eran dos planetas diferentes. En uno, el Azul, había vida; en el otro, el Blanco, se había extinguido la razón.
Por eso se produjo lo que se produjo al minuto 59. Ronald Martínez se pone la piel del Lobo Guevara, seduce a la Jabulani con un centro de tres dedos y el infalible Fabio de Souza se confunde en portugués (increíblemente la quiere detener con la cadera), se autopostula a la horca y le confiere el honor para definir el derbi a su compatriota Marcelo Cabrita.
La pelota pasaba de lado a lado. El pueblo azul explotaba la garganta con el "ole, ole ole" y el Pitbull casi anota el segundo. Hubo orgullo saldado. Motagua se proclamó amo de la ciudad y avergonzó a todo lo que se haga llamar Olimpia...