Sudáfrica
Cuando llegué a su casa sabía que me estaba metiendo en un lío, pero fueron dos días para encontrarlo y tenía que conocerlo.
En este barrio negro de Soweto las casas son humildes y donde vive Wilson Nemakhwaton apenas se puede dar dos pasos. Nació en Limpopo hace 65 años, tiene cinco hijos y 36 años de ser sangoma, una mezcla de curandero y brujo.
Este es un tema difícil de abordar por las creencias religiosas que tenemos en Honduras, pero en Sudáfrica es muy normal. Hay mas de 90 mil sangomas en el país e incluso tienen organización.
Wilson no habla mucho inglés, prefiere el afrikaans. Desde que entré apenas podía verlo por la oscuridad de su “hogar” que, en vez de paredes tiene láminas. Hay una cama, muchos periódicos, botes de vidrio y plástico, bolsas de ropa, una llanta, una cafetera y muchas candelas.
Un trabajo espiritual...
¿Qué es lo que hace un sangoma?, le pregunté, mientras el hombre negro, de pequeña estatura, manos maltratadas y lento para caminar, buscaba entre sus cosas. El taxista me ayuda a traducir: “Cura enfermedades de la gente y adversidades que enfrentan los seres humanos”.
Su voz era suave y no levantaba la mirada. El anciano empezó a explicar las cosas que usa, la “shoba”, que es como una escoba pequeña hecha de pelo de caballo; los “bones”, que son caracoles y piedras; un vino rojo para que tome la gente; plantas y polvos.
El hombre empezó a decir unas cosas que no entendí y a sacudir la “shoba”. “Yo sigo una tradición familiar, me gusta esto porque ayudo a la gente, es algo espiritual”, comentó, vía traductor, mientras seguía con su ritual.
Sudáfrica tiene millones de seguidores de la brujería y no hay ninguna ley que la elimine. Wilson pertenece a la Organizacion de Curanderos y continuó hablando de su don.
“Mucha gente viene por varias enfermedades, desde un dolor de cabeza, de espalda, de garganta y algunos hasta de sus órganos y yo, con la ayuda divina, hago que desaparezcan”.
¿De verdad funciona esto?, volví a cuestionarlo. Ahí levantó su mirada y me dijo: “Claro, pregunte si quiere a los que he sanado, no tengo ni idea cuántos son, hay muchos, el caso más difícil que tuve fue a un hombre que curé de cáncer”.
Empecé, entonces, mi ráfaga de preguntas...
¿Cuánto cobra?
La voluntad de la gente es lo que más importa, mucho más que el dinero, lo material.
¿Pero usted vive de esto?
Sí, ya aquí en Soweto me conocen y saben dónde encontrarme, yo estoy siempre para ayudar.
¿Usted cree en Dios?
Sí, es mi guía.
¿Usted pasa siempre sano?
A mis 65 años, estoy muy bien.
¿A qué se dedicaba antes?
Cuidaba animales en una granja.
¿Usted usa animales para hacer algún ritual?
No, dijo a secas. Yo dudé.
Las contradicciones de las creencias...
A pesar de que Wilson asegura que ellos no sacrifican la sangre de los animales y que, más bien, los cuidan, Zona pudo constatar que en mayo, la Organización de Curanderos sacrificó un buey con cuchillo, a las puertas del estadio Soccer City, para bendecir el Mundial.
Unos 300 sangomas estuvieron reunidos para invocar a los ancestros a que ayuden a Sudáfrica en el Mundial que inicia este viernes, una práctica que se repite a lo largo y ancho del territorio para diversas manifestaciones propias.
¿Usted está de acuerdo que se sacrifiquen animales, volví a preguntarle?
Es parte de nuestras creencias, es una tradición para nosotros, vivir en armonía con los antepasados.
¿Usted puede mirar el futuro?
No, pero los rituales ayudan a aclarar el panorama.
¿Entonces Sudáfrica puede ganar el Mundial con sus rituales?
(Fue la primera vez que el hombre sonrió y contestó) No así, pero tratamos de ayudar.
Luego de unos 40 minutos vi la luz cuando salí del hogar de Wilson. El hombre me dio la mano y me sonrió de nuevo. Me recordé de la voluntad de las personas y de mi bolsillo saqué 50 rand; el viejo extendió su mano y me dijo adiós...