Sudáfrica
Aunque las estrellas del fútbol Mundial estén cerca, ellos seguirán viéndolos por televisión.
Es la realidad de una nación potente en mundo, pero en la que es imposible ocultar la pobreza. Nada que nunca hayamos visto en nuestro país, pero acá todos tratan de olvidar como por amnesia.
En Sudáfrica no todos viven en zonas residenciales y con capacidad económica de comprar entradas para ver los juegos de la copa del mundo.
A los niños de las colonias más pobres de Johannesburgo solo les queda llamarles como sus ídolos de pantalla chica en pasto verde y líneas blancas.
"Yo soy Cristiano (Ronaldo)", grita Koketo en un campo de tierra, que lo enmarca un lindo atardecer de la gran urbe.
"Yo Moudice", le responde Dando, quien admira a sus seleccionados. "Pues yo quiero ser Fernando Torres", agregó Lungisi, un chiquitín de 6 años y de carita curtida.
Estamos todos listos
Y así se arma la potra –como dice la canción de Polache–, con mucha alegría en sus rostros sucios y algunos sin zapatos y las con las pantorrillas cenizas.
Así se juega con todo el partido entre España y Brasil, hasta con celebraciones de rodillas por parte de Lebo, quien nos contó que Brasil ganará el Mundial de su país.
La noche está cayendo y los niños aún pueden mirar el balón. Están felices de que Sudáfrica sea la anfitriona del Mundial, aunque saben que no podrán poner un pie en los imponentes, caros y criticados estadios.
"Mi papá no tiene dinero, no trabaja, y a mi mami no le alcanza, pues somos cuatro", me dice con voz entrecortada Bocizo.
Pero recupera su alegría cuando sus amigos lo llaman para que vaya a anotar los goles de su equipo, pues van perdiendo. El balón parece ser lo único que no los hace sufrir.
Tras observar todo el desarrollo del match, el juego lo perdió Brasil, entonces aquí también España ha salido campeona, pero no hay nada mejor que el fútbol para que estos chicos se olviden por unas horas de su realidad.
Dentro del Mundial
Las cosas son distintas. Entonces me tocó regresar a la realidad del Mundial por dentro. Allí donde muchos son voluntarios pero se juegan la vida a cada segundo.
El ambiente en Sudáfrica se pone cada vez mejor. En las calles abundan los colores verde, amarillo, rojo y azul porque los Bafana Bafana quieren ser grandes en este Mundial.
Los niños, adultos y mujeres portan sus camisas, banderas y todo lo que llama la atención para apoyar a su selección.
A dos (tres en Honduras) días para iniciar el Mundial, el calor de los sudafricanos contagia a todos los que hemos llegado a esta tierra para el histórico Mundial en el continente africano.