Sudáfrica
Eran pocos, pero relajeros. Y, eso sí, muy fieles, porque un viaje tan largo y costoso solo puede significar amor a la Bicolor, que ayer les abrió las puertas del Randburg Club para que disfrutaran del entrenamiento y compartieran con ellos.
Estos aficionados, la mayoría de la costa norte, tuvieron que endeudarse para poder ver a la H en su segundo mundial, pero "eso no importa, cuando lleguemos a Honduras veremos qué hacemos, por ahora estoy feliz de estar apoyando a la H", nos contó el sampedrano Nelson Paguada.
Pero también Juticalpa está bien representada por la familia Muñoz, mientras que, para hoy, se espera la llegada de una expedición catracha de aproximadamente 200 personas.
"Poco a poco seremos más para gritar con todas nuestras fuerzas el miércoles, Honduras no se va quedar sola", expresó con algarabía Alexis Muñoz.
Unos niños vestidos de celeste, con el logo de Honduras, nos llamaron la atención. Eran el equipo menor del Ranburgh Football Club que, a pesar de su nacionalidad sudafricana, apoyan a Honduras.
"Están entrenando en nuestra sede y eso nos da alegría, queríamos conocer a los jugadores de Honduras y conseguir autógrafos", nos cuenta el pequeño Mathew, de cabellera rubia y ojos verdes.
Viven en Sudáfrica...
Estaba sentada frente a la cancha, observando detenidamente el entrenamiento de la H. Es hondureña y se llama Karen Zepeda. Mi sorpresa es que ella vive en Johannesburgo hace tres anos. Da clase de Matemática en la escuela Americana y tiene dos hijos.
Su esposo, Mario Sibrián, también es hondureño y trabaja para las Naciones Unidas.
"Me encanta este país, estamos contentos de vivir aquí... y cuando Honduras clasificó me puse feliz porque iba a ver a mi Selección.
Ya tengo mis boletos para ver los partidos", nos relató la capitalina. La inseguridad es a lo único que le teme Zepeda, quien después nos explicó que salir de noche es peligroso.
¿Y con la comida cómo le hacés? Por la comida no me preocupa, porque acá en mi casa hago tortillas.
Luego, nos contó una divertida anécdota.
"Yo vivo a tres minutos del hotel donde se hospeda la Selección, así que hace unos días yo les lleve unas baleadas y no se imaginan lo contentos que estaban, David Suazo fue el que más me agradeció... ja, ja, ja". El ambiente es de primera, es de pura hondureñidad.