Honduras
Un año después de haber clasificado al Mundial Sudáfrica 2010, el fútbol hondureño aún busca levantarse de un letargo que ha durado toda la vida.
El 14 de octubre del 2009, Honduras se enfrentó a El Salvador en un partido que encerraba la emoción de volver a una justa mundialista después de 28 años.
La Selección de Honduras tenía el camino inclinado hacia arriba, pues dependía de su resultado ante los salvadoreños en el Cuscatlán, para combinarlo con un gane o empate de Estados Unidos frente a Costa Rica.
Los futbolistas catrachos eran dirigidos, en ese entonces, por el colombo-hondureño Reynaldo Rueda que con este encuentro cerraba todo un proceso de cuatro años.
Humillación o aprendizaje
Honduras debió enfrentarse en la fase de grupos con Chile, dirigido por el Argentino Marcelo Bielsa; Suiza, dirigido por Ottmar Hitzfeld y España, campeona del mundo, dirigida por Vicente del Bosque.
El equipo hondureño perdió dos encuentros y empató uno, pese a que en sus filas se encontraban varios jugadores con experiencia en el fútbol de Europa: David Suazo, en el Inter de Milán; Edgar Álvarez, en el Bari; Julio César de León, en ese entonces del Parma; Maynor Figueroa y Henry Thomas, del Wigan y Wilson Palacios, del Tottenham.
Asimismo se contaba con jugadores experimentados como el Amado Guevara, Carlos Pavón, Elvis Turcios y Noel Valladares, entre otros.
Sin embargo, la inexperiencia, desorden y el conformismo imperaron en el equipo hondureño, de tal forma que hicieron el ridículo disfrazándolo de aprendizaje.
Los medios de comunicación vendieron la idea de un conformismo mal interpretado, ya que se clasificó a una justa y esto bastaba para muchos.
Al parecer los jugadores hicieron lo mismo y se amotinaron en la concentración durante el mundial y las argollas, que en otros procesos hicieron mucho daño, salieron a la luz para que los más allegados del grupo dominante entraran al campo.
Los directivos y los funcionarios más destacados, entre ellos el presidente Porfirio Lobo Sosa, acompañó a la Selección de Honduras en el ridículo y el fútbol sigue como si nada. Un Mundial más, un Mundial menos.