Reino Unido
El Barcelona se ha proclamado campeón de Europa por cuarta vez en su historia, al imponer el fútbol ofensivo que lleva por bandera y vencer al Manchester United 3-1 en un nuevo estadio de Wembley.
El partido fue el resumen de la determinación del fútbol del Barça. Iluminados por la clarividencia de Leo Messi, que parece un jugador de otro planeta, la calidad de su pareja de creadores Xavi-Iniesta y la definición de la pareja Villa-Pedro, que marcaron un gol cada uno, la victoria de los de Pep Guardiola fue incontestable.
Se supo recomponer...
El inicio del partido de los Diablos Rojos fue arrollador, con una presión asfixiante y continuas llegadas a la meta de Valdés. El Barça salió dormido, quizá impresionado por la fuerza del rival, encarnada por un Park que se comía a Alves en su banda derecha.
Pero fueron diez minutos y un espejismo para el equipo británico, porque a partir de ese momento el Barça pidió el balón y no lo soltó más. Xavi y Messi se adueñaron del medio ante un equipo que no mordía ya y que estaba totalmente superado por el enemigo.
Las ocasiones se empezaron a suceder para el Barça. Un chut ligeramente desviado de Villa, dos incursiones de Pedro y varias llegadas de Messi desde atrás que no llegaron a fructificar, fueron el preludio del gol culé. Un balón perfecto, como casi siempre, de Xavi Hernández, dejaba solo a Pedro, que definía con maestría. El canario volvía a no faltar en una gran cita de los Azulgranas.
La final parecía decantada, pero si algo tiene el United es orgullo. En una jugada aislada, el Barça perdía el balón donde no debía y Rooney, tras una pared con Giggs en la que el galés parecía estar en fuera de juego, metía el balón en la escuadra de Víctor Valdés.
Es la hora, es la hora...
La segunda parte sí que fue un monólogo incontestable del equipo de Pep Guardiola. Hacía muchos muchos años que no se veía tal superioridad en una final de la Champions. El United no olía el balón y lo único que hacía era achicar balones ante la avalancha de juego de los Azulgranas.
Con tanta superioridad, era imposible que los goles no llegaran, que Leo Messi no apareciera. Y el 10 lo hizo. Aprovechó el cansancio de los centrocampistas del United para chutar solo desde la frontal y batir a Van der Sar.
El partido estaba totalmente roto a favor del Barça y era el momento de sentenciar. Tras innumerables llegadas de los Culé, otro chut desde fuera del área, esta vez de David Villa, dejaba la final sentenciada.
El United quiso reaccionar, pero no pudo. Su fútbol es muy inferior al del Barça y su arreón final se quedó en nada...