Honduras
Dicen en la calle que los clásicos no se juegan, se ganan. Así que Olimpia se encargó de ponerle la camisa de fuerza a la dupla Cardozo-Vega, apagó la luz de los túneles por donde se filtra el fútbol del Verde y aplicó en la grama del Yankel Rosenthal lo que entrenó en la semana. Al final, claro y justo 2-0.
Ha sido el peor partido del equipo del Bigotón, que ya no presume su invicto. Tampoco Olimpia desplegó su mejor cara, pero la plantilla blanca de la renovación sumó una tarde más de experiencia para sus juveniles; más bien hemos visto un partido rastrillado, con mucho tartamudeo y pocas ocasiones de gol.
A explotar el pizarrón...
Con la inusual titularidad de Miguel Castillo, quien hizo la dupla con Luis Garrido en el sentido de equilibrio del Albo, Olimpia corría más de lo que pensaba. Hasta que llegó ese minuto 27 y el laboratorio de Amarateca hacía explotar a la Ultra Fiel: Ramiro Bruschi hizo las de Diego Forlán (quien se encarga de todas las jugadas a balón parado en Uruguay) y cobró un tiro de esquina made in Olimpia.
Fabio de Souza se llevó la marca de Quiarol y el Lolo Palacios le ganó el salto a Nico Cardozo para desviar con la cabeza y anotar un gol de elaboración casera. Aguja e hilo blanco, el equipo de Dani Tosello entrelazó los cordones y tejió un grito que vale la pena recordar... El 1-0.
Aunque no tocaba ninguna música clásica para los oídos, el Albo se comportaba a la altura y sobornaba a los escépticos, haciendo desaparecer a todas las figuras del Monstruo: ni Mario Berríos ni Bani Lozano, mucho menos Altamirano ni Mauricio Sabillón podían salir del estado de sitio.
Por donde se le buscaba, el orgullo del barrio Paz Barahona no se descongelaba los huesos y apenas daba síntomas de reacción a los minutos 37 y 44, cuando un zurdazo de Berríos y un testazo de Nico Cardozo le quemaron los guantes a Noel, que hacía las atajadas de la tarde en el repleto Yankel Rosenthal sampedrano.
La herida mortal...
Como si se tratara de un juego de ajedrez, Tosello mandaba dos alfiles (Néstor y Alex) para rematar al rey del torneo: el invicto dejaba de existir justo cuando se marcaba el minuto 81 y Boniek-Beckeles-Rojas se acordaban de otro libreto de la semana, triangulaban perfecto y definían precisos con uno de esos testazos que descolocan porteros. Roger Rojas era más que Norales y Shane Orio no podía torcer la historia.
En trance, el Monstruo no despertó nunca y el León cogió navaja y rasuró el Bigote más famoso del norte.