Honduras
Cuatro palabras fueron suficientes para que David Beckham provocara un estado de cataclismo en el sector del camerino del estadio Nacional.
Cuatro camisas con su apellido fueron repartidas. La del primer tiempo fue para Amado Guevara, el gran capitán del Azul acostumbrado ya a codearse con la realeza del fútbol (como cuando capitaneó la selección de la MLS en el Bernabéu ante los Galácticos de Beckham y Zinedine Zidane, o como cuando se paró con el Red Bulls ante el Barça de Ronaldinho); la del segundo tiempo para la feliz aficionada que al recibirla en veloz corrida desapareció del sector de silla del Nacional y la tercera (la de calentamiento) para un niño que sin pedirla, la obtuvo de manos del inglés.
Más hinchas que prensa...
A Becks se le esperaba en conferencia de prensa como lo había dictado el departamento de relaciones públicas del Galaxy. Todo iba bien en la organización, luego no hubo explicación y no apareció.
Los minutos de espera se fueron agigantando... allí había un mar de gente incluso la embajadora de Estados Unidos, Lisa Kubiske, quien felicitó al equipo de su país por el triunfo y luego se marchó.
Se acercaron las 10:30 PM cuando el equipo angelino salió con rumbo a la cancha para evitar un estado de frenesí a la salida del portón Azul. El propio autobús los esperaba en la pista del Nacional. Salieron todos... Juninho, Barret, De la Garza, Arena, Donovan... en fin, todos menos el Spice Boy.
En camerino seguía un mar de gente, más hinchas, fanáticos y admiradores que prensa, desde los más allegados al propio Presidente de la República, miembros del Congreso y más. Se hizo un solo despelote.
Y llegó el momento, Becks salió con un gorro azul y una sonrisa que derritió a muchas... la fuerza de un tsunami fue poco para lograr un autógrafo de David Beckham o -que a la vez que fue estrellado a la pared por los empujones- una foto para la posteridad (la cual ganaron unas dos o tres) y cuatro palabras que apenas se entendieron: “Gracias a la gente de Honduras por su cariño”.