Julieta Castellanos Ruiz

La rectora de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras es una mujer que cumple lo que promete. Además, asegura cumplir sus responsabilidades a cabalidad
ElHeraldo.hn

Honduras

10.12.2010 - Agustín Lagos Nivárrez - agustin.lagosSPAMFILTER@elheraldo.hn

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Julieta Castellanos Ruiz es una mujer que cumple lo que promete. Además, asegura cumplir sus responsabilidades a cabalidad.

Nació en el municipio de San Francisco de Becerra, Olancho en 1954.

Sus padres son Rafael Castellanos, originario de Santa Bárbara, y Ernestina Ruiz de Olancho.

En la oficina de la rectoría nos cedió unos minutos para dialogar sobre su vida y sus tareas en la máxima casa de estudios. Es así como llegó la primera pregunta:

¿Cuándo se vino a vivir a Tegucigalpa?

Fue en 1968. Mi padre me trajo a hacer el examen de admisión a la Escuela Normal de Señoritas y allí me gané un cupo para estudiar de normalista y me gradué de maestra de educación primaria en 1973.

¿Había venido antes a la capital?

Yo había venido a Tegucigalpa en 1961, me trajeron mis padres, y en 1963 volví y después cuando me vine a estudiar en 1968.

¿Qué recuerdos vienen a su mente?

Ahora miro al pasado y me parece sorprendente que mis padres, con una educación básica, me hubieran traído a la Escuela Normal de Señoritas, lo más lógico hubiera sido dejarme en Juticalpa en el instituto La Fraternidad, que era donde venían a estudiar todas mis compañeras.

¿Por qué a la Normal de Señoritas?

Nos trajeron a los dos colegios insignes en el país, que eran la Escuela Normal de Señoritas y el instituto Central. Pues mi hermano mayor estuvo tres años en La Fraternidad y luego vino a estudiar comercio en el Central Vicente Cáceres.

¿Qué significaba la escuela pública?

Para esos años, la escuela pública era el símbolo de mayor rigor y yo entendería que mis padres querían que nosotros estuviéramos en los mejores colegios.

¿Cómo tomó la decisión de sus padres?

Hoy yo valoro muchísimo ese esfuerzo de mis padres porque fue un sacrificio, porque uno se venía del pueblo y no volvía en todo el año. Uno miraba a sus padres hasta 9 meses después y yo en ese tiempo solo tenía 12 años.

¿Fue complicado el cambio que vivió?

Pues yo no lo miré así, como un sacrificio. Yo recuerdo que en el internado muchas compañeras lloraban por su familia y la nostalgia de sus pueblos y yo no recuerdo que lloré. Yo lo asumí como mi deber.

¿Cómo ha asumido sus compromisos?

Siempre he asumido mis compromisos con mucho estoicismo y, ahora que recuerdo todos esos episodios de más de 40 años, fue una buena época.

¿Aún recuerda a las compañeras con las que estudió en la normal?

Sí, claro. Digamos que yo tuve compañeras que eran muy buenas alumnas. Yo era de buenas calificaciones, pero no era de medallas.

¿Recuerda a sus profesores?

A mis profesoras les guardo mucho respeto, entre los que tuve a Arnulfo Gómez, María Luisa Beltrán de Anduray y Eduardo Toffe, la profesora Josefina Matute, que en la Normal fueron muy rigurosos, muy exigentes. A uno le calificaban la ortografía y sentía que cada día le exigían más.

¿Recuerda algo especial de esa época de estudiante?

Yo recuerdo de manera muy agradable que, cuando hacíamos trabajos en grupo, muchos los hicimos en casa de los profesores, le abrían las puertas de su casa. El paso de los maestros por la vida de uno le ayuda mucho a la autoestima y a esforzarse más.

¿Al graduarse de maestra trabajó o qué hizo?

No trabajé como maestra. Yo me andaba preparando para buscar trabajo como maestra y me encontré con amigas en el parque Central, porque en ese tiempo el parque Central era la zona de referencia de nuestra generación de jóvenes.

¿Encontró trabajo?

Nos entusiasmamos para hacer el examen para becas en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Era una beca para estudiar Trabajo Social, pero yo estaba interesada en estudiar en la Escuela Superior del Profesorado. Hice los dos exámenes para estudiar. Mi sorpresa es que me gané las dos becas.

¿Qué sintió en ese momento?.

Cuando fui a ver la lista de los exámenes, en la pared estaba mi nombre y fue una felicidad inmensa e inesperada. Yo fui hacer el examen, pero siempre esperaba un trabajo. Estaba entusiasmada porque me venía a estudiar a la universidad porque me había ganado la beca de 120 lempiras para estudiar y me decidí por la Escuela Superior del Profesorado.

¿Qué estudió en la Escuela Superior?

Allí estudie ciencias sociales, donde tuve excelentes profesores como Mario Membreño, Mario Argueta, Héctor Sabillón, Marina Alicia Aguilar, Isidro Perdomo, Marcio Bulnes... todos ellos fueron mis profesores de Ciencias Sociales, eso fue en los años 1974 a 1977.

¿Es en ese momento que inició su tendencia a la izquierda?

Era esa época donde uno estudiaba marxismo y la teoría de la dependencia. Yo siempre fui muy inquieta académicamente. Me gustaba leer libros de Agustín Cuevas y "las venas abiertas de América Latina", y si uno lee eso, difícilmente es conservador, porque cuando uno lee la historia de América Latina, toda esa clase obrera, uno no puede ubicarse en un sector conservador del país.

¿Entonces fue un privilegio?

Yo me siento privilegiada de haber tenido la oportunidad de estudiar en la Escuela Superior del Profesorado y estudiar después Sociología en la Universidad de Costa Rica, donde tuvimos contacto con profesores internacionales, lo que obviamente consolida mi formación como socióloga.

¿En qué momento conoció a su Romeo?

Era común en la época de las vacaciones de noviembre y diciembre jugar básquetbol con nuestra generación e intercambiar libros para leer, y ese era el pretexto para encontrarnos en las fiestas del pueblo. Ese era un acontecimiento porque se hacían las reuniones en las tardes y escuchábamos música y eso fue el espacio donde yo me casé con mi novio de mi pueblo, a los 23 años.

¿Su novio era profesional?

Era estudiante normal de la época. Hicimos una relación muy sólida y me casé y tengo tres hijos. Uno de 31 años, otro de 29 y otro de 20 años.

¿Tomaba vino de coyol en su pueblo?

Todo olanchano toma vino de coyol. El que diga que no lo ha hecho, eso es mentira. Eso era parte del paseo de verano.

¿Y los efectos del vino de coyol, rectora?

Es como tomarse una botella de cualquier bebida alcohólica, pero con niveles diferenciados. Para uno que es de un pueblo, los excesos no eran permitidos y casi nadie tenía excesos porque los padres lo sabían en el momento, y uno cuida el nombre de su padre y de su madre por el honor y prestigio de su familia.

¿Se imaginó que usted llegaría a ser rectora de la universidad?

Fíjese que no. Yo estudié en la Escuela superior y uno de mis maestros me invitó a que viniera a su clase. Vine y escuchaba sus clases y en algunos momentos me dejó que diera algunos contenidos.

¿Qué sintió en ese momento?

Cuando me hizo esa solicitud me sentí impresionada porque yo, siendo estudiante de la Superior, que un maestro de la universidad me invitara a escuchar su clase y corregir exámenes, fue como alcanzar las estrellas y fue algo que me marcó mucho y fue de mucho estímulo para exigirme más.

¿Qué edad tenía en ese momento?

Yo tenía 22 años. Allí me encontré con profesores que yo había leído algunos libros de ellos, como Marcos Carías, Mario Argueta y Ramón Oquelí.

Dice un refrán que la cuña para que apriete debe ser del mismo palo. ¿Usted vino a poner orden a la Unah?

De ese episodio de haber sido presidente de los docentes no me arrepiento. Yo fui jefe de un departamento en la universidad en 1987 y en siete años logré la confianza de un grupo de maestros y a los 31 años era jefa de departamento. Cuando uno tiene un cargo administrativo es que conoce los problemas de la universidad.

El profesor que solo da clases no conoce la universidad.

¿Cómo eran antes los salarios en la universidad?

Antes los sueldos eran muy malos, eran de tres mil lempiras. Los sueldos de educación media eran más altos y los profesores empezaron a tener dos o tres trabajos.

¿Tuvo problemas en la institución?

Tuve un problema con el sindicato, porque el sindicato protegía a los trabajadores irresponsables y allí comenzaron las diferencias con el Sitraunah, cuando hicimos el despido de tres profesores, pues abandonaban el trabajo hasta por tres semanas y el sindicato lograba que los reintegraran.

¿Qué ocurrió posteriormente?

Cuando despedimos a estos tres profesores, el departamento de Ciencias Sociales me ordena que no les dé carga académica y el ministerio de Trabajo me multó con 10,000 lempiras. Recuerdo que se lo comenté al doctor Olvin Rodríguez y él hizo las acciones para que no pagara la multa, pero era una lucha.

¿Qué pasó después con la Asociación de Docentes de la Universidad?

La Adunah traicionó a la universidad porque siempre luchamos por la reforma universitaria y, cuando llega la Comisión de Transición, la Adunah, en vez de ponerse a la par de la comisión, se pone a la orden del sindicato para detener la reforma universitaria.

Eso para nosotros era inadmisible, porque nos traicionó.

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Julieta castellanos dice que ADUNAH traicionó a la universidad porque se puso a favor del sindicato.
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