
El último miércoles del mes de agosto miles de personas se arrojan tomates en Buñol (España). La versión más firme de su origen cuenta que nació como una simple diversión entre amigos.
Hace cuatro días unas 40 mil personas, según fuentes oficiales, se arrojaron en la localidad valenciana de Buñol alrededor de 120 toneladas de tomates transportados en seis camiones.
España se caracteriza por ser un país alegre, con muchas fiestas y festivales. Una muy popular es La Tomatina; la pelea de este tipo más grande del mundo. Existen diversas teorías sobre el origen de esta fiesta popular.
Según algunos historiadores, su inicio se remonta a una "broma" que algunos amigos quisieron hacerle a un señor que pasaba por la plaza del pueblo de Buñol cantando y tocando un instrumento pero que, al parecer, lo hacía tan mal que la gente que se encontraba allí cogió los tomates de un puesto de frutas y los lanzó contra él, luchando todos los presentes en una batalla de tomates.
Tradición
Sin embargo, la versión más veraz e histórica cuenta que todo empezó el último miércoles del mes de agosto de 1945, cuando los jóvenes de la época se encontraban en la plaza del pueblo (lugar donde se celebra tradicionalmente La Tomatina), y al paso de las autoridades y la banda de música durante un desfile de "gigantes y cabezudos" un grupo de estos jóvenes, que querían participar en la comitiva, empujaron a los que llevaban disfraz.
"Uno de los participantes cayó al suelo y, al levantarse, comenzó a golpear a todo el que se encontraba allí, por lo que todos comenzaron a pelearse entre sí.
El destino quiso que en las proximidades se encontrara un puesto de verduras y hortalizas con las cajas expuestas en la calle para su venta, comenzando los jóvenes a tirarse tomates unos a otros hasta que las fuerzas de orden público intervinieron para poner fin a aquella ‘batalla’ y condenaron a los responsables a pagar los destrozos realizados".
Al año siguiente, explican en latomatina.es, "los jóvenes repitieron el altercado, solo que esta vez llevaron los tomates de su casa. De nuevo fueron disueltos por las fuerzas del orden.
Tras repetirse esto mismo en los años sucesivos, la fiesta quedó instaurada; lo que no sabían estos chicos es que habían inaugurado una tradición que seguirían fomentando año a año".
La celebración no estuvo permitida en forma oficial hasta 1959 donde se incluyó una regla muy importante: el principio y el final de la fiesta sería anunciado con el disparo de una carcasa y ni antes ni después de la misma se puede lanzar un solo tomate.
A mediados de los años setenta la fiesta pasó a ser organizada por los Clavarios de San Luis Bertrán, el patrón del pueblo de Buñol, quienes se encargarían de aportar los tomates.
Hasta ese momento cada buñolense los traía de su propia casa.
Desde 1980 la organización quedó a cargo del Ayuntamiento, quien provee de tomates a los participantes, siendo cada año mayor el número de toneladas utilizadas así como el de visitantes.
Y, aunque hay cierta polémica sobre esta celebración (sus detractores hablan de que "se tira comida y se incita a la violencia"), fue declarada de interés turístico en 2002.
Tan importante es esta fiesta para dicha comunidad, que este año se realizó el Primer simposio sobre La Tomatina donde se trataron temas como su historia, el marketing de la celebración y la repercusión económica, explica el Ayuntamiento de Buñol.
El municipio ha elaborado un listado de normas para que La Tomatina siga siendo lo que es: una fiesta.
"Estas pequeñas indicaciones de civismo y convivencia son necesarias para que la fiesta se desarrolle como todos los años, es decir, sin ningún tipo de problemas", explica latomatina.es.
Por ejemplo, no se deben llevar botellas ni ningún tipo de objeto que pudiera producir accidentes. Tampoco está permitido romper o lanzar camisas.