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Unos 35 mil hondureños huyen de Nueva Orleáns

Casi todos se fueron a Baton Rouge, San Antonio y Houston. La cantidad de compatriotas disminuyó de cien mil a 35 mil después de que Katrina pasara por ahí en 2005

Honduras

, 01.09.08
- Actualizado: 02.09.08 01:44pm - Redacción: diario@elheraldo.hn

Se esperaba que Gustav tocara el suelo de Nueva Orleáns en categoría cinco, luego de haber dejado destrucción y muerte en varios países del Caribe.
Se esperaba que Gustav tocara el suelo de Nueva Orleáns en categoría cinco, luego de haber dejado destrucción y muerte en varios países del Caribe.

La historia se repite una vez más para los hondureños residentes en Nueva Orleáns. La amenaza de un fenómeno meteorológico, Gustav, los acecha por enésima vez. Miles de compatriotas atendieron el llamado de las autoridades locales para abandonar la región de forma obligatoria.

Según las autoridades, esa es la mejor forma de salvar vidas, una idea que no es nada difícil de “vender” a los compatriotas, que hace tres años vieron cómo el huracán Katrina destruyó casi toda la ciudad y cobró vidas humanas. Nadie quiere volver a vivir una experiencia como esa.

“Calculamos que unos 35 mil catrachos salieron de Nueva Orleáns”, amplió Ena Liliana Castro, cónsul de Honduras en esa ciudad, considerada una ciudad que alberga una importante concentración de compatriotas. La movilización de los connacionales comenzó el pasado jueves.

Fueron cuatro días de movilizaciones en las que alrededor de dos millones de personas abandonaron la ciudad ante la llegada de Gustav, el huracán más mortal de la temporada.

Gustav ha dejado alrededor de 85 muertos en su paso por el Caribe, ha provocado la evacuación de millones de personas y los desastres a la infraestructura de varios países ha sido cuantiosa.

Ayer, al tocar Gustav suelo estadounidense, las autoridades locales de Nueva Orleáns, donde se calculó golpearía más fuerte, prácticamente habían desalojado a la mayoría de la población. Muy pocas personas se quedaron en la región, entre ellos miembros de las autoridades locales y de los cuerpos de socorro que estarán atentos para aquellos que no quisieron abandonar sus hogares.

“Los hondureños que no salieron de la ciudad fue porque no quisieron, hubo tiempo y se les advirtió con tiempo, pero creemos que pueden ser muy pocos, no hay datos oficiales”, dijo la cónsul. La diplomática reconoció que los catrachos que están en esa ciudad residiendo de forma irregular pudieron haber tenido cierto nivel de problema con el transporte y con la organización que realizó la autoridad local, pero de forma general se brindaron las asistencias adecuadas.

A tres ciudades

Los hondureños en Nueva Orleáns han venido de más a menos. Hace tres años, cuando el huracán Katrina azotó esa ciudad y dejó destrucción, muerte y desolación, vivían alrededor de cien mil compatriotas, estimó la cónsul. Hoy, la cifra llega a los 35 mil, apuntó. Es decir que más de 60 mil hondureños decidieron abandonar el lugar y comenzar una nueva vida en otro lugar de Estados Unidos.

De los 35 mil hondureños que actualmente viven en Nueva Orleáns, la dirección consular de Honduras calcula que unos 20 mil poseen documentación que les permite estar de forma legal en ese territorio, es decir, una ciudadanía o residencia estadounidense.
Ese estatus migratorio les permite obtener un apoyo más directo de las autoridades.

Los restantes 15 mil que están de forma irregular, también reciben soporte, pero con ciertas limitantes, que incluso los mismos catrachos se pueden imponer por su condición de ilegales.

La mayoría de hondureños se movilizaron a tres ciudades cercanas: Nueva Orleáns: Baton Rouge, San Antonio y Houston.
“No sabemos con exactitud cuántos se movilizaron a cada ciudad, pero les podemos decir a los familiares que ellos están bien, las autoridades locales han tomado las medidas de prevención necesarias para conservar vidas humanas”, dijo la cónsul, que por cierto se encuentra en La Ceiba, Honduras, recibiendo un taller que imparte la Dirección de Asuntos Consulares.

Lo compatriotas permanecerán albergados por tiempo indefinido en iglesias, centros de estudios y casas de voluntarios.