
Mientras el presidente Manuel Zelaya acompañado por una turba de seguidores retiraba por la fuerza los materiales para la consulta ilegal, los capitalinos abarrotaron este jueves los supermercados, gasolineras y cajeros automáticos ante la crisis política.
El pavor invadió a los ciudadanos tras los capítulos protagonizados por los seguidores de la consulta, generando inestabilidad en Honduras.
Los empleados fueron despachados hacia sus hogares en la mayoría de instituciones públicas y privadas para evitar el pánico colectivo.
Algunas empresas, incluso, adelantaron el pago de la quincena a sus empleados para que éstos dispusieran fondos para adquirir víveres y combustibles.
Negocios y centros comerciales cerrados, largas filas de vehículos, personas corriendo con temor hacia sus hogares marcaba la tarde en una sombría Tegucigalpa, mientras la lluvia aplacaba el árido ambiente en la capital.
Los negocios del centro de la ciudad cerraron temprano por el peligro que los manifestantes pudieran representar si estos decidían aproximarse al Congreso Nacional.