
Estebana López aún le martillan en su memoria los gritos despavoridos que salían del Cementerio General de Tegucigalpa aquella noche del 20 de octubre de 1967 y por más que quiera no puede evitar que la piel se le ponga de gallina.
Aunque de esto hace ya 42 años, los gritos literalmente salidos de ultratumba la fueron invadiendo de espanto hasta hacerla sudar en calentura.
En ese entonces, Estebana, residente en el barrio El Pastel, contaba con 25 años de edad y jura que casi se vuelve loca, pues los gritos que se convirtieron en un lamento eran reales y no estaba soñando, venían del Camposanto.
"Es lo más espantoso que yo he oído en toda mi vida, ese ayayay me estaba volviendo loca y me parecía que solo yo lo oía, me acuerdo que salí de la casa para ver, y los gritos venían del cementerio", confesó la mujer.
Pocos días después del incidente, Estebana pudo comprobar con unos vecinos que los gritos desesperados que venían del cementerio eran reales y que se trataba de un señor que habían enterrado vivo.
"Una vecina que vivía por aquí cerca me dijo ‘No ve que dicen que a un señor, por cuentas de pisto, lo enterraron vivo hace un par de días, dicen que la familia lo fue a ver y al sacar el cajón debajo de la tierra lo encontraron todo aruñado la cara y el cuerpo’. Pobrecito el finado", expresó López al momento que se santiguaba. No pasó mucho tiempo cuando en la capital se advirtió de este acontecimiento marcado por el asombro, pues se trataba de nada más y nada menos que del profesor Jesús Milla Selva.
Al parecer Milla Selva sufrió una crisis de catalepsia, por lo que fue declarado muerto, y en medio del dolor, desconsuelo y tristeza de sus familiares se le dio cristiana sepultura en el Cementerio General un día después.
Pero según informes de quienes conocieron al insigne maestro, a quien la historia premió al crear un instituto en la capital que lleva su nombre, tuvo una agonía bajo tierra que duró aproximadamente 15 horas.
"A mí me han informado que a este profesor lo enterraron vivo, pues sufrió de catalepsia y que se desesperó tanto, que por más de 15 horas se estuvo quejando, no es misterio, eso es verdad", declaró Francisco Urmeneta, actual administrador del Cementerio General de Tegucigalpa. Sobre el día del entierro de este ilustre maestros no queda duda, pues ha quedado registrado en el Libro de Defunciones número 11 que va de 1967 a 1975.
Con fecha del 20 de octubre, en la página 28, folio 48 y registrado con el número 1,656 y escrito con letra legible se lee Jesús Milla Selva, adulto y enterrado en fosa.
¿Quién era Milla Selva?
Pero quién era Jesús Milla Selva, este hondureño que no pudo recorrer en paz las primeras horas de su viaje sin retorno.
Una memoria de los años 1975 a 1990 que realizó el centro de segunda enseñanza que lleva su nombre, se revela que Jesús Milla Selva nació en Gracias, departamento de Lempira, el 23 de noviembre de 1928. Hijo de Jeremías Milla Cisneros y Juventina Selva de Milla. Contrajo nupcias con Mary French, con quien procreó dos hijos: Jossé Guillermo y Jeremías.
Su formación primara la realizó en la comunidad de Gracias en la escuela Presentación Centeno, asimismo se graduó de maestro de educación urbana en 1946 en el instituto Ramón Rosa.
Obtuvo otra preparación de materia didáctico en el Instituto Nacional de París y un post grado en Planeamiento Integral de la Educación en Chile.
Su vida laboral deja huellas en la escuela Presentación Centeno donde fungió como subdirector. También fue catedrático de la Escuela Normal de Señoritas y Normal de Varones en Gracias, y en la antigua Escuela Superior del Profesorado Francisco Morazán, hoy Universidad Pedagógica.
A su vez se desempeñó con acierto en otros cargos como Escalafón del Magisterio Nacional y analista del presupuesto del Ministerio de Educación Pública.
Jesús Milla Selva dejó la patria terrenal próximo a cumplir 39 años.
Catalepsia
Lo que ocurrió al profesor Milla Selva no es nada nuevo, el mes pasado se registró en el país un caso de catalepsia, el de el joven Isaac Ramiro Pérez, originario de San Andrés, departamento de Copán.
Un especialista en el tema, explicó que la catalepsia desde la parte médica es un estado biológico en el cual la persona yace inmóvil, en aparente muerte y sin signos vitales, cuando en realidad se halla en un estado consciente, el cual puede a su vez variar en intensidad. En ciertos casos, el individuo se encuentra en un vago estado de consciencia, mientras que en otros pueden ver y oír a la perfección todo lo que sucede a su alrededor. "Es una enfermedad muy grave, no por el hecho de llevar a la muerte, sino por la razón de que la persona aparenta estar muerta sin que lo esté, y esta puede ser sepultada estando aún con vida y despertar en cualquier momento", dijo el galeno.
Juzgue usted lector sino se trata de una enfermedad espantosa, y no solo eso, sino que puede dejar en estado de locura a quien le padezca y que por fortuna sea desenterrado a tiempo.