Honduras
, 06.12.08 - Actualizado: 06.12.08 08:32pm - Colaboración: Miguel Aguilar: diario@elheraldo.hn
Estaba allí detrás, cuando el extraño se acercó a la ventanilla del conductor que esperaba confiado el cambio del semáforo, como un violento huracán abrió la puerta, lo tomó del pelo y lo arrastró hacia afuera, mientras lo golpeaba con saña en el rostro con el otro puño.
La víctima sorprendida no tuvo tiempo ni de meter las manos y cayó al pavimento donde el agresor lo sometió a puntapiés, no satisfecho, el delincuente saca un bate de béisbol y muele a palos a su víctima hasta que ya no se mueve en su charco de sangre. Acto seguido se mete al auto, que todavía espera con el motor encendido, y ante la mirada atónita de un público que evita intervenir, roba el auto y arranca con el semáforo en rojo, sacando humo blanco de las llantas y colisionando con dos vehículos que cruzaban en verde y en consecuencia pierde el control, subiéndose a la acera atropella en serie los kioscos de ventas, los vendedores huyen para salvar sus vidas.
Un vendedor obeso no tiene tanta suerte, el delincuente recobra el control del auto endereza la dirección y apunta hacia el desafortunado vendedor, quien huye dando la espalda, el carro lo atropella y lo suspende varios metros, hasta caer inerte en el pavimento, luego el ladrón maniobra y cuidadosamente pasa las llantas sobre el cuerpo del vendedor, quien ya no se mueve.
El ladrón
La anterior escena corresponde a un evento común en las calles de Honduras y en toda América, el robo violento de autos, o bajonazo, sin embargo, en este caso yo fui testigo presencial de la escena descrita, que para mi perplejidad, el ladrón era un niño de ocho años, sí, en un Internet, a las ocho de la noche, este huérfano, de padres vivos, estaba jugando el videojuego más practicado entre jóvenes de ocho a veinticinco años, bajo el nombre de Grand Theft Auto, o Gran Robo de Autos, de la serie San Andreas y Vice City de la casa Play Station constituyendo la más celebrada apología del delito y del crimen mejor mercadeada y practicada entre menores, moviendo millones de dólares en utilidades hacia las compañías como Playstation y sus capos del entretenimiento locales, franquiciadores del negocio a costa de la salud física, mental y espiritual de nuestros niños y jóvenes adictos ludópatas del videojuego violento, aprendices de la escuela del crimen organizado, quienes aceptan la invitación: "Diviértete aprendiendo a ser malo".
El robo real de autos, con sus pérdidas en vidas y bienes, constituye un delito que involucra una cadena de intermediarios, quienes mueven millones de dólares en el oscuro negocio del crimen organizado. Según los reportes de las casas aseguradoras, en Honduras se reportan tres autos diarios robados, lo que promedia entre noventa a cien autos por mes, con una baja tasa de recuperación a pesar de los parciales aciertos de la autoridad.
Sin embargo, aunque es tema de preocupación en la sociedad hondureña, ¿De qué se asustan? ¡Si sus hijos roban virtualmente cerca de 150 mil autos mensuales en Honduras!, desde sus casas en sus computadoras portátiles y en las arcadias o salas de maquinitas, auténticas escuelas del crimen virtual. Mientras, el decreto ley 8-2002-E que desde el 5 de diciembre del 2002 prohíbe los videojuegos violentos y su reglamento: Decreto Ejecutivo 61-2007 del 23 de enero del 2008 que faculta a, y exige que, los Departamentos Municipales de Justicia rompan su silencio cómplice y actúen conforme a ley, interviniendo estas escuelas virtuales del crimen, para cumplir también con el punto 12 del Pacto por la Infancia, la Adolescencia y la Juventud, suscrito por sus alcaldías.
El mundo lúdico de nuestros niños, ha sido invadido por el culto a la muerte, con la indiferencia de la autoridad, el cínico lucro inmoral empresarial y el dinero, el permiso y el aplauso de sus mismos padres.
No hay opción, como dice el slogan de un videojuego: "En este juego: ¡O eres depredador o eres víctima!".