El domingo 30 de noviembre fui testigo y partÃcipe de una de las fiestas cÃvicas más importantes, el ejercicio del sufragio para seleccionar a los candidatos que llevarán las riendas del paÃs en el próximo perÃodo presidencial.
Estas elecciones internas estuvieron pintadas de muchas cosas interesantes, desde payasos de nacimiento hasta precandidatos que fueron a patear los portones del Congreso, ¿qué lindo, no? Estos señores se llenaban la boca dÃas antes de la fecha de las elecciones, llamando a la población a dirigirse a la urnas y asà cumplir con su "derecho y deber" constitucional, decÃan por ahà "los buenos hondureños deben unirse a esta fiesta cÃvica" y me pregunto yo ¿quién tiene el derecho de decir esto?
Las pequeñas ovejas del rebaño siguen al pastor, claro que el pastor debe ser un ejemplo para sus seguidores, pero si el pastor actúa mal frente a nuestros ojos y encima se viste con un traje de cinismo y nos invita a seguirlo entonces estamos mal, muy mal, porque a mi parecer los aspirantes a cargos públicos deberÃan ser los ciudadanos más ejemplares, aquellos que nos representen y nos hagan aspirar a más, que se identifiquen con nosotros y merezcan la confianza que nos piden, pero ¿cómo puede ser posible que la mayorÃa de candidatos tengan reputación dudosa? O sean millonarios desentendidos de las necesidades y realidad nacional y sigan enriqueciendo sus arcas con un sueldo gubernamental, ¿hasta cuando lo vamos a seguir permitiendo? Y después de esa reflexión solo me queda preguntarle ¿está usted seguro que votó acertadamente, con el corazón y no con intereses de por medio?
