Como nuestro paÃs no es productor de petróleo, importamos derivados del mismo para alumbrar nuestras ciudades, mover nuestros vehÃculos, cocinar nuestros alimentos y en fin para vivir como seres civilizados. La factura petrolera del 2007, según Moisés Starkman, fue de 1,376 millones de dólares, equivalente a dos tercios de nuestras exportaciones (EL HERALDO 11/9/08).
Pero el petróleo es un combustible no renovable. Por mucho que tenga Arabia Saudita o Venezuela, finalmente se va a terminar. A falta de un método totalmente nuevo de producir energÃa, como por ejemplo la fisión nuclear, tenemos que utilizar mejor lo que está a nuestro alcance.
Nuestros gobiernos tienen que hacer planes de mediano y largo plazo para anticipar la demanda de energÃa. Aparte del petróleo se nos presentan cuatro fuentes alternas de energÃa: la solar, la hidroeléctrica, la eólica y la bioquÃmica.
Muy poco hemos hecho para aprovechar la energÃa solar. Somos un paÃs en donde el sol brilla casi todo el año. Hay unas pocas aldeas solares. Qué tal si nos propusiéramos a instalar 100,000 aldeas solares en los próximos 20 años…
Hay planes para construir unas seis represas pequeñas y una grande Patuca III, para aprovechar la energÃa hidroeléctrica. Pero los proyectos no pasan del papel. Dentro de cinco años debemos tener en funcionamiento seis de esas plantas y hacer planes para otras seis. No le tengamos miedo a la colaboración con El Salvador para la represa sobre el rÃo Lempa, recordemos que Centroamérica es nuestra patria grande.
Aprovechando que hay zonas de nuestro paÃs en donde sopla el viento todo el año, la energÃa eólica puede suplir en mucho las necesidades de electricidad para la agricultura o para la industria.
En cuanto a los biocombustibles como el etanol y el biodiésel, como bien lo dice el ingeniero Starkman, son nuestra carta de independencia de los combustibles fósiles. Para eso es necesario que el gobierno adopte un plan de sustituir paulatinamente la gasolina y el diésel por biocombustibles renovables y producidos en Honduras.
Un plan de gobierno incluye incentivos fiscales para los agricultores que se dedican al cultivo de la caña de azúcar, la palma africana, el sorgo dulce, el piñón y otros cultivos que produzcan etanol o biodiésel. Además, incentivos para las empresas que instalen plantas de etanol y biodiésel, para la importación de vehÃculos capaces de funcionar con etanol o con gasolina y facilidades en las gasolineras para que los consumidores puedan obtenerlos.
Con estos proyectos llevados a cabo por la empresa privada, bajo la tutela y protección del gobierno, se darÃa trabajo a miles de campesinos hondureños, nos ahorrarÃamos miles de millones de dólares en divisas y le dirÃamos adiós a la era del petróleo, que tantas injusticias, desigualdades y contaminación nos ha dejado.