¿Quién se atreve a decir que la afición no juega? ¿quién afirmarÃa que el público no influye en los jugadores o en el desempeño arbitral? Claro que la afición juega su propio partido.
El azul y blanco predominan en el horizonte y el ambiente se impregna de optimismo.
El aficionado camina hacÃa su recinto de cemento, donde apoyará a uno de sus amores. Porque el hondureño es futbolero de cepa y su selección es el máximo sÃmbolo de su identidad.
El juego de esta noche ante los canadienses es una excusa más para llenar el OlÃmpico, que para los juegos eliminatorios resulta insuficiente. Los canadienses vivieron en carne propia el patriotismo de los hondureños que lograron adueñarse del Estadio Saputto el pasado 6 de septiembre, donde las graderÃas fueron abarrotadas por catrachos radicados en Canadá y Estados Unidos, que hicieron el viaje para ver a su selección.
"Ha sido impresionante el apoyo de esta afición, el sentimiento es algo indescriptible", dijo ese dÃa el colombiano Reinaldo Rueda. Mientras que Mitchell, entrenador de los de la Hoja de Maple, expresó, "Hemos jugado como visitante, no puedo creer que hayan llegado tantos hondureños hasta acá".
Hoy 38 mil gargantas y más de 7 millones estarán unidos por una sola cosa: el fútbol. Es importante que el público aliente desde el primer minuto hasta el último, los jugadores deben sentirse en casa y los visitantes deben sentir la presión, ese es el trabajo de la hinchada. "Esperemos que el aficionado nos apoye como siempre", dijo el capitán de la H, Amado Guevara.
