El incremento de la obesidad ha traído consigo, además de otros problemas de salud añadidos (hipertensión, diabetes tipo 2, trastornos metabólicos, etc.) el aumento en el número de personas que padecen apnea del sueño, un trastorno que provoca pausas respiratorias durante la vigilia, que se repiten más de un 10 por ciento durante las horas de sueño, y que afecta a millones de personas, principalmente de mediana edad.
“El principal factor de este aumento de casos es el sedentarismo y la inactividad”, según el jefe de Neumología del Hospital Clínico Universitario de La Coruña (noroeste de España), Héctor Verea, por lo que, a su juicio, el primer paso tras el diagnóstico, es la elaboración de una dieta equilibrada para el paciente, que “en el mejor de los casos acabará por sí sola con el problema”.
Verea recuerda, además, que esta patología está muy relacionada con los ronquidos, un síntoma que hasta el momento se ha tomado un poco frívolamente y que tiene muchos efectos negativos.
“Es como si nos riéramos de un cojo o de un manco”, dice el neumólogo para ilustrar la trascendencia de las repercusiones de un problema, que no solo afecta a quien lo padece sino a quien convive con esa persona.
Apnea y ronquidos
A pesar de que casi todos los pacientes con apneas roncan, no todo el mundo que ronca tiene apneas, advierte sin embargo el doctor Francisco Javier Puertas, neurofisiólogo y presidente de la Sociedad Española del Sueño (SES).
“Aunque hay todavía un debate sobre si el ronquido aislado es algo benigno o no, en sí mismo ya es expresión de obstrucción, porque el aire mientras dormimos pasa por un sitio más estrecho y hace vibrar las partes blandas de la garganta”, añade.
Etimológicamente, apnea (del griego apnoia) quiere decir ausencia o falta de respiración. Desde el punto de vista clínico, el síndrome de apnea del sueño es una enfermedad que se caracteriza por frecuentes pausas respiratorias por obstrucción o colapso de las partes blandas de la garganta, o por vía aérea superior mientras se duerme.
“No se sabe con exactitud por qué ocurre esto –explica el doctor Puertas-, pero el sobrepeso, especialmente la grasa alrededor del cuello, una morfología de garganta estrecha, una excesiva relajación de los músculos de esa zona al dormir, así como la postura boca arriba, pueden influir negativamente en la tendencia al colapso respiratorio”.
Estos ronquidos entrecortados suelen perturbar el sueño de los compañeros de cama de los afectados de apnea, lo cual provoca conflictos de convivencia, de acuerdo con lo apuntado por el doctor Verea, además de somnolencia excesiva del paciente durante el día.
En la mayoría de las veces la apnea es consecuencia de una hipertrofia amigdalar (anginas), la cual se resuelve casi siempre con una extirpación quirúrgica.
