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Los partidos pol铆ticos y la democracia

Honduras, 29.05.12 - 脕ngelo Moreno: diarioSPAMFILTER@elheraldo.hn

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脕ngelo Moreno

Aprop贸sito del conflicto latente en nuestra sociedad hondure帽a y de la crisis provocada por los acontecimientos de antes y despu茅s del 28 de junio, los alumnos de la universidad esperan siempre de sus maestros, que les den respuestas concretas, pertinentes a los fen贸menos sociales y que les digan exactamente cu谩les son las soluciones a tales conflictos.

La finalidad de la discusi贸n filos贸fica es garantizar el debate democr谩tico, en la medida en que trate de no caer en demagogia doxol贸gica (en la cual se expresan las opiniones sin exigir su validaci贸n y su argumentaci贸n racional); o en demagogia sof铆stica, (en la que se busca convencer al otro, en vez de convencerse a s铆 mismo, castrando la exigencia de b煤squeda de la verdad en una comunidad y as铆 someterla a una voluntad).

El fil贸sofo, por lo tanto, no expone verdades absolutas, sino que ayuda a aclarar la realidad desde su profunda esencia.

Es lo que justamente tratar茅 de hacer, a partir de la pregunta propuesta por alumnos en la clase de filosof铆a: 驴Cu谩l es el papel que deben jugar los partidos pol铆ticos en una democracia?

La vitalidad de la democracia est谩 en la multiplicidad de los partidos, los cuales deben preservar las divergencias, las diferencias y la heterogeneidad de la sociedad. La pluralidad de los partidos debe tender hacia la pluralidad de los individuos que forman parte del c铆rculo de la "polis". En ese sentido, los partidos deben ser el aporte del r茅gimen democr谩tico que resuelva la diversidad y la contradicci贸n entre las opiniones. Ellos deben ser, adem谩s, la expresi贸n de la dial茅ctica de lo particular (la suma de los individuos) y de lo general (el bien com煤n). Ese es el primer significado que le podemos atribuir al v铆nculo te贸rico que une a los partidos con la democracia: en s铆ntesis, la naturaleza de los partidos consiste en ser el espejo de toda la sociedad.

Pero si la democracia identifica el ejercicio de un poder cuyo seno, origen, ejercicio y destino es el pueblo, el significado del concepto "partido" toma un significado menos transparente e incluso pol茅mico en relaci贸n a la democracia. En efecto, en la pr谩ctica los partidos se presentan menos como una mediaci贸n entre el pueblo y el ejercicio del gobierno y m谩s como originadores de la mediaci贸n entre el pueblo y el poder. En este caso, el poder se condensa en las manos de unos pocos, se desliga de la esfera civil, circula, se intercambia, se transfiere a un c铆rculo muy restringido del espacio partidario, seg煤n unas reglas que tienen poco que ver con el juego democr谩tico. Los partidos deber铆an manifestar la posibilidad para cada ciudadano de abandonar la esfera privada para comprometerse en la esfera p煤blica, participando en la deliberaci贸n com煤n, en la elaboraci贸n de una unidad que sustituya los conflictos particulares. Al contrario, ellos parecen reforzar esa dicotom铆a entre el pueblo y sus dirigentes, entre los gobernados y los gobernantes. El sistema de los partidos parece pues compartir su suerte con la democracia, al mismo tiempo que parece pervertirla desde el interior.

Esta ambivalencia fundamental, e incluso esencial de los partidos de ser a la vez mediaci贸n y obst谩culo en el espacio democr谩tico, 驴debe ser considerada como una dificultad irreductible sobre la cual viene a chocar la teor铆a del poder en el sistema democr谩tico? O, al contrario, esta ambivalencia puede darse como condici贸n de posibilidad de la democracia que queda rezagada a la pr谩ctica pol铆tica de los partidos?

La invenci贸n de los partidos va de la mano con el surgimiento de la democracia moderna representativa, con la cual so帽aba Rousseau.

La idea de "partido" designa 芦lo parcial禄. Este elemento hace que el partido se ubique en el territorio precario de lo relativo, es decir, no puede pretender lo absoluto o lo global, aunque busque realizar su proyecto dentro de la esfera de lo general y de lo universal. Hacer triunfar sus ideas es nada menos que reconocer su universalidad, su car谩cter operatorio, m谩s all谩 de la visi贸n partidista misma. Por tanto, el partido es ante todo la afirmaci贸n de una nueva concepci贸n del mundo en el espacio pol铆tico, en el cual la verdad no es absoluta ni dogm谩tica.

La opini贸n y su confrontaci贸n con otras antag贸nicas, se vuelve entonces la regla de acci贸n. En ese sentido, el bien com煤n no es m谩s el producto de la reflexi贸n de los sabios, como lo era en la democracia directa plat贸nica, sino la construcci贸n laboriosa de los pol铆ticos, quienes lo que buscan es el encuentro pol茅mico de los puntos de vista.

Los partidos, pues, expulsan la visi贸n sin贸ptica y prefieren el punto de vista. Con el nacimiento de los partidos surge la nueva idea de la pr谩ctica pol铆tica, en la cual el bien de la "polis" (la sociedad) no es el resultado de una verdad que hay que descubrir, sino el resultado de un debate que hay que realizar para elaborar el inter茅s general, en el proceso mismo de la contradicci贸n.

En cierta manera la visi贸n aristot茅lica del 芦hombre prudente禄 supera la visi贸n plat贸nica de la pol铆tica como ciencia. As铆, el partido es la afirmaci贸n de la autonom铆a del hombre; es su habilidad de construir el orden com煤n. El manifestar铆a el paso de una trascendencia (un orden inmutable que se alcanzar铆a para buscar la verdad en pol铆tica) a una inmanencia (el hombre y su raz贸n pr谩ctica, lo que Arist贸teles llamaba "fronesis", la cual era el atributo esencial del sabio en pol铆tica). Para los partidos el absoluto no debe existir; la concepci贸n pragm谩tica de lo que es la sociedad, choca con la sociedad ideal so帽ada por Plat贸n, la cual consist铆a en un orden perfecto correspondiente a una armon铆a superior. En este escenario la verdad cambia de significado y pasa a ser algo que se construye: es un horizonte y no una realidad antihist贸rica; no es un principio deductivo desconectado de todo contexto social, econ贸mico o hist贸rico, sino que es una creaci贸n humana; es decir precaria, vol谩til, siempre en fase de reconstrucci贸n.

Con el establecimiento del partido dentro de la vida pol铆tica, se reconoce impl铆citamente que es en la confrontaci贸n de lo parcial (la parcialidad) que se puede edificar el orden com煤n. Partidos y Democracia se alimentan de relaciones hom贸logas.

El c铆rculo de la democracia se construye en el encuentro de lo uno con lo m煤ltiple. 驴C贸mo resolver la heterogeneidad de los individuos y de la construcci贸n 煤nica del bien com煤n? 驴C贸mo hacer pasar las voces discordantes de los miembros de una sociedad hacia una del acuerdo? El peligro de esta situaci贸n pol茅mica es el de hacer naufragar toda estabilidad pol铆tica por el cuestionamiento perpetuo de los fundamentos del espacio pol铆tico. 驴C贸mo entonces hacer posible a la vez el debate y la continuidad del Estado?

Los partidos pol铆ticos surgieron dentro del espacio p煤blico a partir de la desaparici贸n de las facciones y del reconocimiento definitivo de la legitimidad del Estado. Esto mismo permiti贸 la integraci贸n de los partidos como tal y la institucionalizaci贸n del debate. El problema de los partidos est谩 ligado indisolublemente desde su origen con el asunto de la legitimidad del r茅gimen.

La existencia de los partidos tiene como idea fundamental que el r茅gimen y sus fundamentos no pueden ser puestos en tela de juicio, aunque, al contrario, sus mecanismos y sus orientaciones est谩n abiertos a la reforma, e incluso a la contestaci贸n radical. Aqu铆 es en donde constatamos que los partidos deben superar el conflicto que representan las facciones, las cuales ponen en el peligro la seguridad del Estado. Los partidos entonces deben condensar y reconciliar las virtuales violencias que surgen en los disturbios, en las sublevaciones, en las contestaciones o en las emociones populares.

Sin embargo, aunque los partidos le deben dar un lugar al debate entre contradicciones, tambi茅n deben autorizar la reducci贸n de la heterogeneidad. Los partidos son plurales y por lo tanto asumen ese paso de lo m煤ltiple a lo singular. Por tanto, cuando la pluralidad no caracteriza m谩s al sistema de los partidos, estos se convierten en el Partido; es decir, ya no en una emanaci贸n de los individuos, sino en el movimiento inverso que es el movimiento del poder.

Se debe establecer, pues, una relaci贸n de homologaci贸n entre las significaciones partidistas y la democracia, cosa que no sucede en el totalitarismo, el cual se apoya sobre el r茅gimen del partido 煤nico y absorbe a la sociedad, confundiendo lo social dentro de lo pol铆tico. Al contrario, no es la estructura partidista la que asegura el intercambio democr谩tico, sino la pluralidad de partidos.

La dimensi贸n particular de los partidos se encuentra, pues, en la mediaci贸n y en la reducci贸n: ellos deben situarse en la intersecci贸n del poder y de la sociedad no organizada pol铆ticamente; ellos deben mediatizar la multitud y la heterogeneidad de voces y reduce su amplitud en un discurso 煤nico. En fin, entendido de esta manera, los partidos sepultan el mito de la democracia directa e intentan establecer la representaci贸n institucional de las opiniones, antes que la representaci贸n pol铆tica de los individuos. Ellos son la soluci贸n a la contradicci贸n de la democracia directa de los griegos o la imposibilidad de delegaci贸n de los poderes, como lo propon铆a Rousseau.

En conclusi贸n, los partidos deben ser el espejo microc贸smico de la democracia; es decir, de un pueblo compuesto por militantes, de una oficina pol铆tica con una estructura jer谩rquica que refleja la del gobierno del momento en el estado democr谩tico.

Adem谩s, son el espejo de los procesos de elecci贸n con representaciones y delegaciones definidas por los estatutos que, a su vez, son el eco de una Constituci贸n Democr谩tica. Este sistema de partidos debe permitir ordenar los discursos heterog茅neos, los cuales han de ser integrados, anexados institucionalmente dentro de la construcci贸n democr谩tica, para que esta no est茅 en peligro. Ellos deben permitir neutralizar la violencia ideol贸gica e integrarla en el espacio de construcci贸n de la democracia.

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