Cuando a las manos de un ciudadano sin responsabilidades p煤blicas llega un expediente de denuncia de corrupci贸n en la que una cantidad de sistemas de riego no fueron construidos pero fueron pagados a los supuestos constructores, en realidad est谩 claro no solo que se viol贸 la ley y que el Estado perdi贸 una cantidad m谩s o menos importante de recursos, sobre todo se trata de que una cantidad valiosa de hombres y mujeres de nuestros campos se han quedado esperando esas obras para cultivar y cosechar sus peque帽os sembrad铆os y con sus productos prorrogar pobremente sus pobres vidas y las de sus familias.
Los hondure帽os est谩n cansados de que en su vida cotidiana nada mejore, est谩n cansados de que su existencia sea cada vez m谩s pesada, cada vez m谩s dura, est谩n cansados de los sacrificios que se les impone sin ning煤n resultado que les lleve beneficio. Es urgente aplicar la justicia porque, desde hace mucho tiempo, jam谩s tantos hondure帽os han tenido un sentimiento tan fuerte de injusticia, donde los sacrificios no se reparten equitativamente ni los derechos son iguales para todos.
Es urgente decirle basta ya a la empresa privada y a los poderes del Estado (Judicial, Legislativo y Ejecutivo) para que no contin煤en siendo subterr谩neos, universidades, escuelas, colegios, instituciones, corporaciones, facultades, academias de la corrupci贸n; simplemente porque en ellos se encuentran encerrados nuestros empresarios y trabajadores; las autoridades, los representantes y los servidores del pueblo, muchos de ellos pilares de la familia hondure帽a y ejemplo de sus hijos.
Realmente da coraje ver c贸mo los industriales de la corrupci贸n, con sus pol铆ticas y estrategias, recaudan incontables sumas de dinero, acumulan bienes muebles e inmuebles, logran sanear sus productos y los exhiben como verdaderos trofeos, premio a sus astucias y mientras el 70% de la poblaci贸n hondure帽a, que es pobre y de estos el 23% es indigente, pasa aprietos para pagar la renta, alimentar, educar y vestir a su familia y exhiben el trofeo de la muerte de sus hijos y la de ellos mismos a causa de la desnutrici贸n u otras causas, realmente esa riqueza mal habida es insultante y molesta en lo m谩s profundo del ser humano. Lo m谩s indignante es que los gobernantes anteriores han sido permisivos, involucr谩ndose algunos para que este c谩ncer maligno haga su met谩stasis en toda la sociedad vulnerable nacional y extranjera.
Recibamos con benepl谩cito la intenci贸n manifiesta del actual presidente Lobo Sosa, cuando en su investidura ofreci贸 al pueblo hondure帽o castigo para los corruptos, a este manifiesto debemos sumarnos todos los buenos patriotas para combatir con 茅l a aquellos amadores de s铆 mismos, a los avaros, a los vanagloriosos, a los soberbios, a los blasfemos, a los desobedientes de los padres, a los ingratos, a los imp铆os, a los sin afecto natural, a los implacables, a los calumniadores, a los intemperantes, a los crueles, a los aborrecedores de lo bueno, a los traidores, a los impetuosos, a los infatuados y a los amadores de los deleites m谩s que de Dios; estos 18 caracteres encierran todas las formas existentes de corrupci贸n.
En verdad es un gran reto para el Presidente y su pueblo, no debemos dejarlo solo, a menos que suceda lo contrario.
Finalmente, no es bueno que la democracia se convierta en socia de la corrupci贸n, y que una posible simbiosis enaltezca ambas; no es bueno que la democracia permita que la corrupci贸n se modele como ejemplo masificador y como una alternativa f谩cil y pr贸spera en la sociedad hondure帽a. El pueblo hondure帽o es digno y honrado, por lo tanto no debe permitir que la corrupci贸n manifieste sus atributos y se convierta en ejemplo natural de nuestras generaciones presentes y futuras.
Todos los buenos hondure帽os tambi茅n saben interpretar el movimiento de las piezas en el tablero de la corrupci贸n, por lo tanto, basta de insultar la inteligencia del pueblo, basta de pisotear la dignidad del pueblo, basta ya de corrupci贸n. No hay mal que dure cien a帽os ni pueblo que lo resista.